29 de diciembre de 2008

Alimentación Saludable en Verano

En verano queremos vernos en forma y para ello, es imprescindible alimentarse saludablemente. Una alimentación equilibrada en cantidad y calidad, variada y suficiente, es todo lo que se necesita para mantenerse en forma y perder kilos demás.
Todas las personas tenemos necesidades nutricionales diferentes, éstas dependen principalmente de la edad, el sexo, la ocupación, el estado biológico (embarazo, lactancia, niñez, etc.) y de la practica o no de deportes.
Si hace mucho calor y no sentimos suficiente hambre, lo ideal es consumir comidas que no sobrecarguen el trabajo digestivo, es decir, que sean bajas en grasas y azúcares y en pequeñas porciones distribuidas a lo largo del día, manteniendo intervalos regulares, por ejemplo: desayuno, colación de media mañana, almuerzo, merienda, colación de media tarde y cena. La recomendación es adquirir una dieta con alto contenido en agua y fibra (frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, etc.), que permita mantener nuestro cuerpo hidratado, limpio y nutrido.
En cualquier época del año pero principalmente en verano debemos tener más cuidados con los alimentos que consumimos, tanto los que adquirimos ya elaborados como los que utilizamos par realizar preparaciones caseras.
Si nos encontramos de vacaciones y comemos en bares, restaurantes o en el lugar donde estamos parando debemos asegurarnos sobre la higiene de los alimentos porque cuando estos no son correctamente manipulados, no están bien cocidos o conservados, sumadas a las altas temperaturas que hay en el ambiente favorece la proliferación de todo tipo de microorganismos.
Los alimentos están expuestos a la acción contaminante de innumerables bacterias, algunas de ellas inofensivas, otras capaces de ocasionarnos hasta la muerte. Su correcta manipulación es fundamental para evitar contraer enfermedades. Sin embargo, a diario se cometen errores que, aunque pasan desapercibidos, no son insignificantes. Detectarlos y corregirlos es cuestión de hábito.
Las bacterias se multiplican en una proporción geométrica, de una bacteria en una hora surgen millones. Además, en verano estamos más expuestos a ellas, porque como todo ser vivo, se multiplican a expensas del calor y la luz, también dependen de los propios sustratos nutritivos de los alimentos, por lo que un alimento con mucha proteína (carne vacuna, pollo, pescado, cremas, huevo, etc.) es más proclive a tener huéspedes contaminantes.
La causa más frecuente de enfermedades son el agua, las comidas para llevar y las de venta en puestos callejeros. La mayoría tiene que ver con agua no potable, falta de lavado adecuado de los alimentos crudos, falla en las cadenas de frío o envasado de los elaborados y/o congelados. Es importante proteger los alimentos a toda hora: desde el momento en que se los compra hasta que la familia los consume.
Las medidas más eficaces en la prevención son las higiénicas. A continuación se describen algunas recomendaciones:
- Al realizar compras comenzar por los productos que no necesitan refrigeración y dejar para el final los perecederos como carnes (de todo tipo), lácteos y productos congelados. Asegurarse que los productos congelados se conserven a la temperatura indicada en el envase (ver termómetro de heladera) y, de no ser así, informar al encargado del local. Si se solicita el envío de la mercadería al domicilio asegurarse que estos productos hayan permanecido el menor tiempo posible a temperatura ambiente, no aceptar pedidos que hayan demorado más de una hora. Al recibirlos colocarlos inmediatamente en el refrigerador y/o freezer.
- Los alimentos como carnes, aves y pescados deben guardarse en bolsas o recipientes con tapa y separados del resto de los alimentos, evitará así que los jugos de esos productos contaminen otros alimentos.
- Conservar los huevos en su envase original y refrigerados. No comprar aquellos que tengan la cáscara sucia o rota. Lavarlos bien en el momento de cocinarlos. Evitar las comidas, salsas o postres preparados con huevos crudos.
- Las frutas y verduras crudas deben lavarse cuidadosamente antes de ser consumidas, para evitar tanto la contaminación microbiana como la presencia de productos químicos.
- Utilizar agua segura no solo para lavarse las manos y los utensilios, sino también para preparar hielo, jugos o mamaderas.
- No descongelar carnes u otros alimentos a temperatura ambiente.
- Cocinar completamente los alimentos antes de consumirlos: carnes y pollos no deben estar rosados en su interior.
- Desechar los sobrantes de comida que hayan permanecido sin refrigeración por más de una hora.
- Fuera del hogar no consumir jugos o bebidas que no se encuentren en sus envases originales, ni helados de procedencia desconocida.
- Evitar cortar la cadena de frío, en verano los alimentos son más susceptibles a la contaminación bacteriana. Respetar esta norma en el pic nic, la playa o donde quiera que vaya. Transportar siempre los alimentos en forma refrigerada (conservadora) y protegidos del sol. Si esto no es posible, elegir alimentos que soporten mejor las condiciones de temperaturas ambientales (enlatados, frutas o desecados).


Lic. Romina M. Gamboa
MP Nº 2101

Que es el Sindrome Urémico Hemolítico (SUH)



La información, tomar medidas de higiene básicas y el cuidado a la hora de manipular o cocinar los alimentos son las mejores herramientas que tenemos para desterrar la Escherichia Coli, bacteria responsable del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH).
Es imposible no preocuparse cuando la noticia sobre nuevos casos de SUH hace su aparición en diarios y noticieros. Sin embargo, es importante saber que existen formas básicas de prevención que pueden evitar el contagio de esta enfermedad. Por eso, ante la presencia de cualquier episodio relacionado con este síndrome, lo mejor es no entrar en pánico sino informarse e instrumentar las medidas que nos permitan proteger de manera efectiva a nuestra familia.
¿Qué es y cómo se manifiesta?
El Síndrome Urémico Hemolítico es causado por la Escherichia Coli, bacteria que habita en el intestino de los animales y que, a través de la materia fecal, contamina todo lo que entra en contacto con ella, desde la carne hasta la leche, el agua o los vegetales.
Cuando un niño ingiere un alimento contaminado, la bacteria llega al intestino, donde libera una toxina llamada verocitotoxina. En ese momento se ponen en marcha una serie de reacciones que comienzan a afectar los diferentes órganos del cuerpo. En consecuencia, se destruyen los glóbulos rojos (células de la sangre encargadas de transportar oxígeno a todos los tejidos) y las plaquetas que participan en la coagulación de la sangre, alterando fundamentalmente la función de los riñones. Esto ocasiona distintos niveles de insuficiencia renal, y en alrededor del 30% de los infectados secuelas neurológicas.
Los síntomas más comunes son: diarrea acompañada ocasionalmente con sangre, palidez intensa, dolor abdominal, vómitos y poca cantidad de orina. Ante la presencia de uno o varios de estos síntomas, se recomienda consultar rápidamente al médico, quien instrumentará las medidas de sostén necesarias para paliar las consecuencias del síndrome, si éste es efectivamente diagnosticado.
¿Cómo podemos contraer la enfermedad?
Aunque en los últimos años se ha detectado la bacteria en adultos asintomáticos, perros y gatos, todavía no hay indicios que permitan afirmar que éstos sean el principal vehículo de transmisión además del ganado bovino (el reservorio más conocido) o los alimentos contaminados. Por tal motivo, las vías de contagio más comunes son el consumo de:
· Carne mal cocida (especialmente la carne picada)
· Frutas y verduras mal lavadas
· Aguas contaminadas
· Cualquier tipo de alimento que fue contaminado indirectamente a través de cuchillos, tablas, mesadas, o manos mal higienizadas.
¿Que podemos hacer para prevenir?
Debido a que, por el momento, no existen vacunas para prevenir el contagio, ni se puede realizar una selección para saber qué animales poseen la bacteria, la única forma de prevenir esta enfermedad consiste en tomar medidas higiénicas básicas e imprescindibles:
- Lavar cuidadosamente las manos con agua y jabón: antes de comer, luego de ir al baño y después de tocar carne cruda. Controlar que los más pequeños también lo hagan.
- Cocinar muy bien las carnes: en primer lugar si es carne que está congelada, descongelarla bien antes de cocinarla. La bacteria se destruye cuando el alimento es cocido a una temperatura mayor a los 70º C. Poner especial atención en las preparaciones que hayan sido elaboradas con carne picada. Controlar que no quede rosada ni jugosa, debe tener un color parejo.
- Evitar el contacto de la carne cruda con otros alimentos: en la heladera guardarla perfectamente tapada para que su jugo no toque otros alimentos listos para el consumo. Las tablas, cuchillos, mesadas y todo lo que tome contacto con la carne cruda deben ser lavados con agua y detergente para no contaminar el resto de los alimentos.
- Evitar el consumo de comidas rápidas en menores de 2 años.
- Lavar rigurosamente las frutas y verduras: en especial aquellas que se consumirán crudas.
- Consumir lácteos y jugos de frutas pasteurizados: leche en polvo o fluida, quesos y derivados, jugos de frutas naturales que hayan sido pasteurizados y bien conservados en frío.
- Conservar los alimentos en la heladera: tanto frescos como cocidos.
- Consumir siempre agua segura: ante la duda, lo mejor será hervirla. También controlar que las piscinas estén debidamente limpias y cloradas.
¿Por qué la carne picada?
Dado que la bacteria se encuentra en la superficie de la carne, es durante el proceso de picado que se disemina hacia el interior. Por eso es importante:
* Descongelar la carne picada antes de cocinarla.
* Lavarse las manos antes y después de tocar carne cruda.
* Cocinar las carnes y hamburguesas hasta el centro, controlando que toda la pieza quede color marrón.
* Cuidar que el jugo de las preparaciones con carne picada quede totalmente traslúcido.
Cifras a tener en cuenta
Argentina, con 400 casos nuevos al año, es el país que posee mayor incidencia de esta enfermedad en el mundo, siendo los niños entre los 6 meses y los 5 años de edad los más afectados.
Un dato positivo es que en los últimos años la tasa de mortalidad relacionada con este síndrome ha ido decreciendo, y actualmente se ubica entre el 2 y el 4% de los casos.

Lic. Romina M. Gamboa
Nutricionista – M.P. Nº 2101
Postgrado en Salud Social y Comunitaria

Preocupante aumento del colesterol en niño...

El colesterol es una sustancia grasa proveniente de dos fuentes: el propio cuerpo y algunos alimentos. El hígado produce la cantidad de colesterol necesaria y suficiente para el normal funcionamiento del organismo.
El cuerpo utiliza el colesterol para producir hormonas, vitamina D y los ácidos biliares que ayudan a digerir la grasa. Se necesita sólo una pequeña cantidad de colesterol en la sangre para satisfacer estas necesidades.
El colesterol es el principal esterol del organismo humano y precursor de todos los demás esteroides corporales. Se encuentra formando parte de membranas celulares, lipoproteínas, ácidos biliares y hormonas esteroideas.
El colesterol es un importante constituyente de los cálculos biliares, pero su principal función patológica, lo constituye la producción de aterosclerosis de arterias vitales, causando enfermedad coronaria, cerebrovascular y vascular periférica.
Los alimentos derivados de animales son ricos en colesterol especialmente huevos, lácteos y las carnes. La mayoría de este está en forma esterificada.
El organismo absorbe aproximadamente la mitad del colesterol contenido en la dieta. La síntesis del colesterol se halla regulada sobre todo por la ingesta de colesterol en la dieta.
Un simple análisis de sangre en los primeros años de vida podría identificar a los niños con hipercolesterolemia familiar, una afección genética que causa altos niveles de colesterol incrementando considerablemente el riesgo de muerte precoz por enfermedad cardíaca.
Hace algunos años, especialistas de la Universidad Nacional de Río Cuarto (Córdoba) demostraron que una proporción importante de chicos y jóvenes de esa ciudad tenían elevado colesterol. Ahora, el panorama no sólo no mejoró, sino que parece complicarse: de la mano de la obesidad, que se incrementa desde la más tierna infancia, el colesterol alto se presenta como una grave amenaza para la salud del corazón y las arterias, ya a edades tempranas.
Menos del 5% de los casos corresponde a la forma familiar de dislipidemia o hipercolesterolemia familiar, otro 5% del exceso de colesterol es por causas secundarias como pueden ser hipotiroidismo, síndrome nefrótico, problemas hepáticos. El resto, es decir, el 90% de los casos, es consecuencia de la mala alimentación, que hace que el hígado se defienda de algún modo y permita el aumento del colesterol sanguíneo.
Los niños cuyos padres hayan sufrido eventos cardiovasculares antes de los 50 años, que tengan hipercolesterolemia familiar, sean obesos o hijos de obesos, deben ser observados con atención.
La hipercolesterolemia infantil no es nueva, ya que las placas de ateroma (acumulación de grasa en las arterias) comienzan a formarse muy precozmente. Sin embargo es preocupante porque existe una íntima relación entre la obesidad y el aumento del colesterol, ambos vinculados con un mayor consumo de grasas saturadas e hidrogenadas (grasas trans), abundantes en gran cantidad de alimentos, aun en aquellos que parecen no contenerlas.
La obesidad genera alteraciones del metabolismo de los lípidos e impacta negativamente sobre el equilibrio glucosa-insulina (puerta de entrada de la diabetes), a consecuencia de la acumulación de grasa corporal, la mayoría de los casos de hipercolesterolemia infantil se soluciona regulando la dieta y con actividad física.
El objetivo es retardar el comienzo del proceso aterosclerótico, y para eso hace falta cambiar hábitos de vida, desde chicos.

Lic. Romina M. Gamboa
Nutricionista
Posgrado en Salud Social y Comunitaria